miércoles, 31 de marzo de 2010

Peregrinación a la Tierra del Tango

Mis amigas me llamaron loca cuando les dije que no me iba en avión, sus peros eran interminables y sus quejas como vividas en carne propia, pero la verdad, no me importaba. A otros les saltaban los ojos cuando les decía el tiempo que estaría fuera de país. En realidad fue fácil decidirlo, quería hacerlo así que lo hice, y a pesar de todo, en conjunto, consideré el viaje divertido.

Llevé 2 maletas, un maletín de mano y a Mokona para hacerme compañía. La espera en la terminal era como irse de vacaciones, pensé que sería más duro, pero estaba demasiado entusiasmada y curiosa por las cosas nuevas que experimentaré, que no me di tiempo de disfrutar las tristezas. Despedirse de tu madre nunca es fácil, sobre todo con una sensibilidad como la que ella me heredó. Pero no es el fin del mundo. Voy a regresar. No te preocupes por mi. Claro, que también hay abrazos que deseas duren para siempre, esos que te hacen pensar que puedes mandar todo al diablo con tal de alargarlo un poco más ? ~me quedaré si me lo pides~ Algunas veces se necesita mucha fuerza para dar ánimos, saben? Para decir "te estaré esperando aquí".

Estaba hecho, estaba sentada en el bus intentando mirar por la ventana y no pensar en el costo del peso extra en el equipaje que olvidé por completo. Al menos mi caja chica para el viaje serviría para un par de comidas -__- Oh! Una muca me llama por teléfono. Sorry si intentaron llamar mi atención, pero estaba ocupada loreando. Serían 72 horas de viaje y no sabía cuando me quedaría sin señal o se acabaría la batería.

El bus era de 2 pisos, según tengo entendido, en la parte superior (donde yo quería ir) estaba atestado de gente y era un horno; mientras que en la planta baja solo iban 12 personas muy cómodas junto al baño. Adelante se sentaba un matrimonio de peruanos con sus 2 hijos, pero que vivían en Argentina hace muchos años. Era raro oir especímenes auquénidos con acento gaucho. Al costado iban unas primas muy ruidosas. Detrás, unos hermanos, una señora que venía de turista, y otra cuya tranquila sobrina se sentaba a mi costado. Fue una convivencia muy agradable.

Cada pocas horas se unía un chico del segundo piso que se la pasaba de aburrido y pingponeado porque ningún piso lo querían XD Las primas y los hermanos, todos de una personalidad muy cumbiambera, terminaron bieeeen abrazaditos el último día. En las paradas, los que cogían mesa primero le pasaban la voz a los demás, se invitaban gaseosa o se pasaban pastillas para el soroche. En los viajes largos no hablo mucho, pero cuando podía, aportaba a la chacota o a botar al chico del segundo piso XD

El guía era todo un caso, no recuerdo de qué parte dijo que era, pero tenía el acento más raro que haya escuchado en mi vida. Era una mezcla de dejo argentino con los vicios del ande y una tonada charapa. Primero creía que era un argentino que de tanto viaje con peruanos se le pegó el mote, hasta que cambiaron de guía y chofer, y estos hablaban igual que el anterior.

Los Contras:

Llevé 2 libros y un cuento corto para el camino, pero solo pude leer uno. Es que solo puedo leer en calma y el maldito televisor o tenía el volumen demasiado bajo, o estaba exageradamente alto (esto fue la mayor parte). Si bien nos pasaron más de 10 películas, creo que solo terminamos de ver 3, porque la calidad era tan ínfima que se rayaban en cualquier punto y ya no avanzaban. Otras las cortaban simplemente porque nos acercábamos a un a parada, pero nunca las renovaban para saber cómo terminan. El rsto del viaje era música chichera o rock ochentero. Por otro lado, la dulce niña que se sentaba a mi aldo, se levantaba a las 5:30 am y me abría la cortina. Y eso que nunca he podido dormir de corrido en un bus.

Durante le viaje hubieron varias demoras, desde la salida misma, pero llegamos a tiempo a Buenos Aires. La que casi nos cuesta un día de viaje, pero se cobró al cena, fue llegando a la frontera, que por culpa de los que no sacaron copias de los documentos para menores de edad cuando se les dijo, otros buses pasaron antes y casi nos quedamos ahñí hasta que reabra la frontera.

Las Aduanas:

Llegando a la frontera peruana, para evitar la demora de la inspección y que los agentes se apropiaran de lo que les pareciera bonito, hicimos una chancha para coimearlos y hacer la finta. Los pasajeros y los bolsos de mano pasaron por el cuarto antidrogas. Cuando llegó mi turno, la oficial ojeó el contenido de mi maletín sin molestarse en rebuscar, y luego se le quedó mirando a Mokona. "Qué es eso?" - "un peluche" respondí yo como si fuera lo más natural del mundo. Lo cogió de la oreja y salió diciendo que lo pasaría por la máquina. Habría dado cualquier cosa por sacar mi cámara y tomarle foto cuando saliera de los rayos X.

Aprovechando los pocos minutos antes del cierre, pasamos la frontera chilena donde si bajaron todo el equipaje para que los perros olfatearan cada rincón y luego pase por la máquina. A Chile está terminantemente prohibido ingresar bienes de origen animal y vegetal que no estén debidamente envasados para exportación. También debes firmar una declaración jurada y todo. El guía advirtió que si alguien desconocía el contenido de su equipaje porque se lo hizo su mamá, lo mejor era declarar que si y explicárselo al guardia. Las primas no lo hicieron y tuvieorn que pagar una multa de US $230 por unos duraznos. Mokona en cambio se ganó el aprecio de la inspectora que lo consideraba adorable.

El Paisaje:

El primer día desperté junto al mar, en unas playas rocosas donde la solas chocaban formando caprichosas estelas. Qué sosas se volvían las playas de arena! Luego fueron apareciendo sembradíos y vacas hasta llegar a la frontera donde la oscuridad ya no nos dejó ver nada.

En la mañana estábamos en pleno desierto y mi celular no captaba señal, así que mi mp3 era mi única compañía en las largas horas de desolado paraje, porque la cumbia no es de mi agrado. Los audífonos me separaban de mis compañeros de viaje, pero el desierto... qué desierto! Llegando a la frontera de salida tenía unas formaciones divinas que varios turistas atinaron en admirar deteniendo su viaje. Luego, Argentina.

Caballos. Montones de caballos en prados infinitos. Vicuñas y diversos tipos de aves que nunca había visto. Muy pocas vacas pero sobre todo caballos. Llovió en la tarde mientras nos adentrábamos en un pueblito, luego una niebla densa nos cubrió mientras intentábamos bajar la quebrada. Daba miedo intentar definir donde empezaba el abismo donde podíamos caer en esas estrechas curvas.

El Terremoto:

Al tercer día, en la parada de Totoras/Totoritas o algo así, el noticiero nos informó sobre la catástrofe en Chile, que además llegó a sentirse en las zonas argentinas de Salta y Jujuy... nosotros no estuvimos ahí esta mañana? o.O En el momento del terremoto, era de madrugada y nosotros estábamos en un bus en movimiento en pleno desierto del otro lado del los Andes, donde se sintió el movimiento, pero no hubo destrozos. Esperen, la prima a la que multaron no les dijo que a los chilenos que ojalá se mueran en un terremoto? XD XD XD

Pocas horas luego del anochecer llegamos a Retiro, la parada final donde mi tío me esperaba. No nos despedimos por el alboroto de bajar las maletas, pero creo que todos recordaremos lo divertido que fue viajar juntos.